martes, 20 de julio de 2021

 

El autor Aníbal Quijano, en su texto expone sobre el concepto de colonialidad del poder, que lo entiende como una forma de dominación global, que llega a cubrir lo que podríamos denominar como el sistema moderno donde lo que más se pretende tener controlado es el capitalismo en manos de unos cuantos, y que esto tiene según lo dice el autor su principio o el origen en el colonialismo europeo en el siglo VXVI, esto entonces tiene relación con el eurocentrismo.

Con respeto a esto surgen cuestionantes en relación a nuestra América Latina, en cuando a ¿cómo han moldeado los valores culturales y sociales desde el eurocentrismo nuestros patrones culturales, y cómo esto sigue siendo hoy en día presente, pese a algunas revoluciones sociales y de resistencia? ¿Cuáles podrían ser hoy en días los efectos del eurocentrismo en sociedades como la costarricense? ¿Cómo afecta en el ejercicio del pensamiento en campos como las ciencias sociales la presencia del eurocentrismo?

 Sobre el giro decolonial


¿Cuál es el aporte de la perspectiva decolonial a sus discplinas? ¿Cuáles son las praxis teórico-políticas necesarias para construir una disciplina con perspectiva decolonial? ¿Cómo actúa la matriz de colonialidad del poder en sus disciplinas?

jueves, 15 de julio de 2021

Nómada digital

 En la sesión del 28 de junio de este año, la Asamblea Legislativa aprobó, en primer debate, el Proyecto de Ley para atraer trabajadores y prestadores remotos de servicios de carácter internacional (expediente número 22.215, https://consortiumlegal.com/wp-content/uploads/Ver-proyecto-de-ley-completo-2.pdf )

Con esta normativa se procura estimular el turismo de larga estancia y la permanencia del “teletrabajador internacional” en nuestro territorio, donde realiza labores remuneradas para un centro de trabajo ubicado en otro. Se le otorga a esta población la posibilidad de radicarse en Costa Rica hasta por más de un año, prorrogable por otro año, con el reconocimiento de varios beneficios económicos y migratorios. Entre estos, la persona no estará obligada a salir del país cada tres meses para reingresar y renovar la visa de no residente, tampoco a pagar tributos o renta por los ingresos o las utilidades recibidas extra fronteras, está exonerada del pago de impuestos de importación de equipo básico de cómputo para su trabajo, podrá abrir cuentas bancarias, de ahorros y usar la licencia de conducir.

Con esta legislación se modificaría la Ley General de Migración y Extranjería, N° 8764, al adicionarle a la categoría de “no residente” la subcategoría de “estancia”, vinculada al “trabajador o prestador remoto de servicios”. Para adquirir dicha condición, la persona debe cumplir diversos requisitos, por ejemplo: poseer un ingreso mínimo mensual y estable de $3000, suscribir una póliza de servicios médicos, y pagar, por única vez la visa de no residente. Por su parte, el país debe asegurar el acceso a la tecnología, la adecuada conectividad y los bajos costos de estancia.

Con los citados incentivos aparejados al señalado reconocimiento jurídico -en forma semejante a otros países- se busca atraer a nómadas digitales integrantes de una comunidad en constante crecimiento mundial, sobre todo a partir de la pandemia.

Ahora bien, dejando de lado la eventual desigualdad tributaria, ¿La indicada propuesta legislativa y el reconocimiento de la condición de “nómada digital” para quien goza de poder adquisitivo y capacidad de consumo en el país, revela la implementación de un sistema de inmigración selectivo? Por otro lado, Bedoya Díaz considera que, paradójicamente, el incremento del comercio mundial no va de la mano con las facilidades en la migración; sin embargo, ¿Podría afirmarse acá que la movilidad internacional de grupos de alto estatus económico opera de modo semejante al de productos de consumo, flujos de capital y tecnología, en tanto se mantiene endurecida para personas “no deseadas”, que deben jugarse la vida para cruzar las fronteras? ¿Cómo incide esta dinámica en la polarización mundial?

jueves, 8 de julio de 2021

 En este lugar en el que nos interpela los autores, de ser cientistas sociales que significan y otorgan sentido, me surge la pregunta sobre el cuestionamiento del poder y el lugar de las mediaciones como un mecanismo reproductor de dinámicas de opresión. Nos convoca a repensar las formas de leer, interpretar, resignificar... cuáles prácticas de poder se encubren? Y cómo cuestionarnos permanentemente con este lugar de una construcción dialógica, que se pregunte para qué, para quiénes y hacia dónde?

Sobre la narración y el discurso histórico

Con relación a la propuesta de Ricoeur, presentada por Hayden White a propósito del lugar de la Historia como disciplina y del historiador como interprete y “dador” de  sentido de los acontecimientos y de la experiencia del tiempo, me parece muy interesante pensar en la especificidad de la llamada “historia reciente” o “pasado reciente”. ¿Cuáles son las relaciones entre la institucionalización de este “pasado reciente” como objeto historiográfico con las crisis de los grandes relatos, la crisis de la representación y la crisis del autor? ¿Hablar de un “pasado reciente” implica que existen pasados completamente concluidos, cerrados o agotados? ¿Cuáles serían las implicaciones epistemológicas y metodológicas de que no exista una “distancia temporal” entre el historiador y su objeto de investigación?  En esta misma línea ¿cuál sería la especificidad del relato de un historiador sobre un acontecimiento del pasado reciente y cuál la de un testimonio de un actor protagonista del acontecimiento?, o ¿cómo establecer la diferencia y la legitimidad de las dos narraciones? 

 

Con respecto a uno de los textos asignados para hoy el de Juan Pablo Vera Lugo y Jaramillo Marín, parte de las dudas que me saltan son: ¿cómo no separar al sujeto investigativo en lo que sería el análisis científico el “ojo científico” y el cómo se percibe el mundo desde el común desarrollo de la vida social, y a la vez en este intento no correr el riesgo de la “sobreinterpretación”?

Por otra parte en cuando a la aplicación de estas técnicas de registro cualitativos, ¿cómo sería  la rigurosidad de su aplicación a otras disciplinas y cuál es su aplicabilidad para los estudios actuales y en qué disciplinas fuera de la sociología y antropología?

¿Qué literatura hacen lxs historiadorxs?

 Me parece muy interesante las consideraciones que presenta H. White en su comentario a los planteamientos de Paul Ricoeur en Historia y Relato.  Principalmente porque siento que son un desarrollo y moderación de algunas de las observaciones que había planteado en su obra anterior, más conocida, "Metahistoria" donde - simplifincando un poco, su argumento, a partir de algunos autores clásicos de la historiografía y la filosofía del siglo XIX hacía una tipología de las "intrigas" en el sentido novelesco que subyacían a los textos. De alguna manera dando a entender que no existía una lógica propiamente explicativa o "científica" en la historiografía más allá de la urdidumbre de una trama y la construcción de una intriga.

Me parece que los aportes que posteriormente hizo Ricoeur traen de regreso el valor de la narratividad en la historia, considerando sus particularidades como dispositivos explicativos relacionados con la experiencia del tiempo, dejando de lado la vieja discusión modernista que asociaba narración con proto-ciencia en oposición a la construcción cuadros, series y descripciones profundas, propias del proyecto de "historia-ciencia-social" de la primera mitad del siglo XX.

Hay dos ideas que me parece que pueden traerse a colación a raíz de esta revaloración crítica del recurso a la narrativa. Una de ellas es el planteamiento de Pomian sobre el aparato crítico. Es decir que más allá de pretender que el relato histórico se refiere a eventos "verdaderos", lo que lo distingue de la literatura ficcional es la preocupación por la exposición de un aparato legitimador extratextual en el recurso y crítica de las fuentes en las que se basa. Las cuales no forman parte del relato pero lo intervienen constantemente invitando o habilitando una posible consideración sobre la validez y limitaciones de aquello que se afirma. Es decir que el relato histórico, no deja de ser relato, pero sí se debe colocar en una situación donde puede ser refutado. El otro elemento tiene que ver con la consideración de Jacques Rancière sobre el vínculo ineludible entre literatura y construcción de sentido:

"...al rechazar ser rducida a la mera lengua de las cifras y los gráficos, la historia ha aceptado enlazar el destino de sus demostraciones al de los procedimientos por medio de los cuales la lengua común produce y hace circular sentido. Demostrar, en lengua común, que los documentos y las curvas componen un sentido y que ese sentido supondrá siempre una elección en lo concerniente a los poderes de la lengua y de sus encadenamientos. (...) Por lo tanto, el problema no es saber si el historiador debe o no hacer literatura, sino cuál hace." (Rancière, Las palabras de la historia).

 (Para mí, queda claro, en la cita, y en el texto de White que la narratividad no es un recurso opcional en la escritura de la historia, pero sí debería ser consciente, en cuanto a su función.)