Me parece muy interesante las consideraciones que presenta H. White en su comentario a los planteamientos de Paul Ricoeur en Historia y Relato. Principalmente porque siento que son un desarrollo y moderación de algunas de las observaciones que había planteado en su obra anterior, más conocida, "Metahistoria" donde - simplifincando un poco, su argumento, a partir de algunos autores clásicos de la historiografía y la filosofía del siglo XIX hacía una tipología de las "intrigas" en el sentido novelesco que subyacían a los textos. De alguna manera dando a entender que no existía una lógica propiamente explicativa o "científica" en la historiografía más allá de la urdidumbre de una trama y la construcción de una intriga.
Me parece que los aportes que posteriormente hizo Ricoeur traen de regreso el valor de la narratividad en la historia, considerando sus particularidades como dispositivos explicativos relacionados con la experiencia del tiempo, dejando de lado la vieja discusión modernista que asociaba narración con proto-ciencia en oposición a la construcción cuadros, series y descripciones profundas, propias del proyecto de "historia-ciencia-social" de la primera mitad del siglo XX.
Hay dos ideas que me parece que pueden traerse a colación a raíz de esta revaloración crítica del recurso a la narrativa. Una de ellas es el planteamiento de Pomian sobre el aparato crítico. Es decir que más allá de pretender que el relato histórico se refiere a eventos "verdaderos", lo que lo distingue de la literatura ficcional es la preocupación por la exposición de un aparato legitimador extratextual en el recurso y crítica de las fuentes en las que se basa. Las cuales no forman parte del relato pero lo intervienen constantemente invitando o habilitando una posible consideración sobre la validez y limitaciones de aquello que se afirma. Es decir que el relato histórico, no deja de ser relato, pero sí se debe colocar en una situación donde puede ser refutado. El otro elemento tiene que ver con la consideración de Jacques Rancière sobre el vínculo ineludible entre literatura y construcción de sentido:
"...al rechazar ser rducida a la mera lengua de las cifras y los gráficos, la historia ha aceptado enlazar el destino de sus demostraciones al de los procedimientos por medio de los cuales la lengua común produce y hace circular sentido. Demostrar, en lengua común, que los documentos y las curvas componen un sentido y que ese sentido supondrá siempre una elección en lo concerniente a los poderes de la lengua y de sus encadenamientos. (...) Por lo tanto, el problema no es saber si el historiador debe o no hacer literatura, sino cuál hace." (Rancière, Las palabras de la historia).
(Para mí, queda claro, en la cita, y en el texto de White que la narratividad no es un recurso opcional en la escritura de la historia, pero sí debería ser consciente, en cuanto a su función.)
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